AMLO PRIVATIZA EL DEBATE.
Por Ezequiel Castañeda Nevárez.
Los ciudadanos de a pie, que somos la mayoría en este país, aun no logramos informarnos sobre el contenido y alcances de la propuesta del gobierno de Felipe Calderón sobre la llamada reforma energética o reforma petrolera ni lo que opinan los que saben de la materia, cuando sorpresivamente, quienes se dicen contrarios a la privatización, o sea los seguidores de Andrés Manuel López Obrador, privatizaron el debate sobre el tema al secuestrar las sedes de los legisladores federales, supuesto lugar del debate político nacional.
Lo malo de esta singular privatización de López Obrador, es que esta incluye tremendas barreras para evitar que los que no sabemos del tema nos enteremos realmente que es lo que está sucediendo, con la intención de que, por esta desinformación muchos caigan en la tentación de apoyar las ocurrencias del privatizador tabasqueño creyendo hacer lo correcto y justo, al grado de sentirse verdaderos patriotas, adelitas y revolucionarios.
Lo que nos pretende vender ahora el señor López Obrador, con su activismo político reciclado, es que él y únicamente él encabeza la defensa del petróleo de todos los mexicanos, el cual se encuentra en grave peligro de ser privatizado a causa de la mentada reforma propuesta por su archienemigo Felipe Calderón. Dicho de esta manera tan sencilla, quienes no apoyemos de inmediato y de manera incondicional las movilizaciones sociales, teóricamente somos considerados traidores a la patria.
Nada de eso, el ejercicio de la soberanía, que radica esencialmente en cada uno de nosotros, nos da el derecho a estar debidamente informados y a determinar nuestros actos con libertad, apegados a la Ley, razón por la cual, lo que debemos todos defender, es justamente ese derecho a la información, a enterarnos, a saber qué es lo que realmente está sucediendo, en qué rayos consiste esa mentada reforma, cuáles son sus pro y contra y qué dicen al respecto los expertos, para tomar decisiones conscientes, informadas e inteligentes más allá de los puntos de vista de nuestros supuestos defensores patrioteros.
Hasta ahora, lo único que hemos visto es a un reactivado político opositor que toma una bandera, que nos conmina a la lucha, mientras hace su lucha para que no nos enteremos de nada que no provenga de su dicho, porque supone que no tenemos capacidad para decidir por nosotros mismos, dejando más bien la sensación de que lo que realmente pretende, tras su fallido intento de obtener la Presidencia de la República, a través del voto, es reventar el sistema, provocar el caos social bajo el pretexto de la supuesta defensa petrolera porque ve inmejorable la coyuntura política con la propuesta de esta reforma para convertir esta circunstancia en el “Atenco calderonista”, poner al gobierno panista en jaque y darle mate. Cierto es que más que merecido se lo tiene Felipe Calderón por los constantes pifias de su gobierno, pero lo malo es que todos nosotros nos encontramos en medio de este embrollo sin saber aun qué terreno pisamos y a punto de padecer los atentados a la paz por parte del líder opositor.
Por una parte, Calderón nos asegura que no habrá privatización; el PRI confirma que jamás apoyará la privatización y aun así AMLO vocifera que aunque no vemos la privatización, sí la habrá y por esta supuesta amenaza decide cerrar los canales de comunicación política, tendiendo cerco a las cámaras de diputados y de senadores, privatizando el debate, reduciéndolo a sus trillados discursos y denuncias.
Lo único que si ha quedado claro es que el líder moral del PRD, o más bien de una de las partes de lo que queda del PRD, lo que pretende es mantener los faroles en su grata persona, imponer la agenda política a partidos políticos y al gobierno, resquebrajar el sistema y presentarse como opción posterior al caos social. Lamentablemente la estrategia del tabasqueño incluye actos violentos no deseables, aun cuando les denomine resistencia civil pacífica, porque además de la toma de las sedes de las Cámaras de Diputados y Senadores, incluye bloqueo de aeropuertos, vialidades, aduanas y edificios públicos, más la tomadura de pelo a miles de féminas a quienes llama “adelitas”, sitiando ciudades y centros de operación política, manteniéndose permanentemente en los medios para imponer sus condiciones que incluyen el no ceder la franquicia política del PRD a los “Chuchos”, cobrar facturas a determinados medios de comunicación y, finalmente, instalarse en el lugar de Felipe Calderón, mientras su dedo juega en nuestra boca haciéndonos creer que, en defensa del petróleo y de la patria, para alejar al fantasma de la privatización hay que seguir al pie de la letra sus indicaciones, cuando justamente hace lo contrario al privatizar el necesario debate que nos puede dar luz sobre el tema; esto nos deja en total estado de indefensión, se diga lo que se diga. Esa es la cuestión.