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¿CÓMO SERÁ LA MUERTE?


Por Ezequiel Castañeda Nevárez.




Dicen que los muertos nunca regresan a perturbar la paz de los que viven; sin embargo, en estos días de noviembre, muchos muertos cobran vida, corroborando que no existe memoria más viva que la de la muerte, porque aun el más olvidadizo de los mortales acude al cementerio a recordar o al menos a visitar la tumba del ser querido. Todo, en todos lados, en estos días parece ser Comala, lugar en donde algunos muertos regresan a cobrar viejos agravios como Juan Preciado con Pedro Páramo o simplemente para convivir o revivir con los vivos y con los vivillos los deliciosos tamales de calabaza con camarón o de frijol de bejuco que hacen todas las señoras tuxpeñas y también, según cuentan, para beber el tequila, el mezcal, el sotol o la bebida preferente que colocan para eso sus deudos en los altares para este día de visita de muertos y, si no atienden ninguna dieta rigorista, a entrarle al pan de muerto, al chocolate y a los dulces de todo tipo como marca la tradición.



La muerte ¿Qué es la muerte? ¿Qué hay más allá de esta vida? ¿Es simplemente la muerte la incapacidad del organismo para albergar tanta vida? ¿Es la muerte el final de todo? La muerte ¿Cómo será? Sólo Dios sabe con certeza las respuestas; por eso el tío Rubén Nevárez, a Él directamente le formula sus preguntas sobre el tema en una bella melodía de su propia inspiración que interpretó por primera ocasión ante el féretro de mi abuela materna, doña Simona Solano viuda de Nevárez. “¿Como será llegar al cielo y encontrarme en tu presencia? ¿Cómo será el contemplar toda la gloria y su excelencia? ¿Cómo será, dejar la tierra y elevarme a las alturas? Gozar palabras que me dices con dulzura; mirar tu rostro, mi señor ¿cómo será? ¿Cómo será el contemplar todos los seres que yo he amado, que en este viaje se nos han adelantado; yo me pregunto sin cesar ¿cómo será? ¿Cómo serán, las cosas nuevas y la vida perdurable? ¿Cómo será el ver cumplido nuestro sueño inefable? ¿Cómo será, mirar cómo haces los colores de las rosas? y disfrutar aquellas cosas tan hermosas que me prometes, mi señor ¿Cómo será? ¿Cómo será amanecer y despertar en nueva vida? sentir tus brazos que me dan la bienvenida; yo me pregunto sin cesar ¿como será?”



A mi también, como a muchos otros, me inquieta el antes y el después de esta vida; más lo segundo que lo primero; mientras tanto, no tengo duda que debo ocuparme por lo pronto del durante y el ahora con la mayor responsabilidad posible; por eso, trato de cumplir con mi deber día a día; vivir la vida con todas sus consecuencias pero sin olvidar que, sobre todas estas cosas, habré de ser juzgado en esta vida y en la venidera; por eso pido cada amanecer sabiduría y gracia de Dios y por eso no dejo de abrazar a mi madre para recibir sus bendiciones y para estar siempre en sus oraciones para alcanzar gracia. También creo firmemente en las afirmaciones que al respecto hacía mi padre, en las cuales creyó a pie juntillas toda su vida: “cuando se produce esa dolorosa separación entre quienes mueren y quienes vivimos –decía- no es la última vez, nos veremos nuevamente, volveremos a encontrarnos”. Esa es una hermosa esperanza que reconforta y alimenta el espíritu de quienes hemos visto partir a un ser querido, que aun tenemos la responsabilidad y el privilegio de la vida y que deseamos ver nuevamente a nuestros muertos algún día y no porque estos vengan furtivamente en un día de difuntos; por eso, el epitafio que se puede leer en la tumba de mi padre Porfirio Castañeda lo componen sólo dos palabras que contienen una afirmación contundente en apretado resumen: Resucitará primero.



¿Cómo será ese momento, cuando tengamos que partir nosotros? Esa si que es la gran cuestión. (eze_cas@hotmail.com)








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