PANORAMA APOCALIPTICO
Por Ezequiel Castañeda Nevárez.
Aunque finalmente se pusieron de acuerdo los congresistas norteamericanos para aprobar el rescate bancario, el Fobaproa gringo, las repercusiones financieras habrán de sentirse inevitablemente en nuestro país, lo reconozcan o no los funcionarios federales responsables de las finanzas nacionales. Lo que debe quedarnos muy claro a los ciudadanos es que digan lo que digan los servidores públicos, todos los mexicanos nos veremos seriamente afectados por la crisis financiera que se avecina. No se requiere ser experto en finanzas para entender que los vecinos del norte, con quienes tenemos una importante relación comercial, habrán de tener, al menos, una desaceleración económica fuera de serie, que habrá de influir en las economías de todo el orbe, producir, en el corto plazo como consecuencia, desempleo en aquél país, afectando principalmente a los trabajadores latinoamericanos, quienes nos han sostenido en las últimas décadas con sus remesas.
El desempleo en la unión americana tendrá, sin duda, un efecto dominó que inicia con nuestros connacionales que allá trabajan para pasar a afectar el empleo aquí en México. Si consideramos que sostener las cifras en esta materia no es cosa fácil en tiempos , digamos que “normales”, con lo que está por llegar con este “crack”, el desempleo será el primer gran efecto de la crisis económica mundial, seguida muy de cerca por el incremento de la delincuencia en todas sus expresiones. Bajo estas condiciones, serán pocas las inversiones que realmente se la jueguen con el país. Lógico, el crecimiento de México se verá considerablemente reducido en este año y en los próximos.
No necesariamente estamos hablando del apogeo del Apocalipsis tan temido, sino del principio de dolores, porque el panorama ya fue visto, entendido y atendido por los norteamericanos y por eso lograron el acuerdo sus políticos para rescatar a los bancos pero, no quiere decir que sea esto la gran solución y, aun cuando lo fuere, sería, en primer término, para los mismos estadounidenses porque, aquí en nuestro país, nuestros políticos parecen tener menor capacidad y poca o nula disposición para el acuerdo y la solidaridad, porque al ceder en algo sienten que ven reducidos sus cotos de poder personal y el de su partido político, reflejándose en que no pueden ponerse de acuerdo en las reformas estructurales que requiere la nación urgentemente; no quieren la reforma de la principal empresa generadora de recursos como lo es Petróleos mexicanos; no piensan en la reforma fiscal, en la laboral, la energética, y otras más para que podamos ponernos al día con las naciones del mundo que ya han superado sus crisis; para que tengamos una reforma energética que se complemente con la bendición que tenemos en nuestro subsuelo, una reforma laboral que permita mayores inversiones, una reforma fiscal promotora del desarrollo, no solo recaudatoria ni mucho menos hostil ni aterradora; sin dejar atrás las reformas jurídicas que nos permitan contar con un adecuado sistema de procuración e impartición de justicia, de prevención del delito y que contenga la delincuencia, que tendremos cada vez con mayor incremento y cada día más sofisticada; que nos de más y mejor seguridad pública y que permita el desarrollo armónico y la paz social.
Las medidas contingentes para atenuar los efectos de esta crisis corresponden al gobierno de la República; ojala estas sean oportunas y adecuadas; pero la disciplina en el gasto familiar, corresponde a cada uno de nosotros; así que, a ahorrar cuanto antes energía, gasolina, a evitar gastos superfluos y a correr cero riesgos en la economía personal; de manera prioritaria, también hay que tomar control de las deudas particulares, para hacernos, cada uno de nosotros, responsables de nuestra propia economía y así manejar nuestra personal crisis. Eso puede ser un buen comienzo, además de que, no nos queda de otra, ni siquiera a los optimistas irredentos. Esa si que es la cuestión.