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BAJAR EL PRECIO DE DIESEL Y GASOLINAS

Por Ezequiel Castañeda Nevárez



Bajar los precios de los combustibles fue una de las más importantes promesas de campaña de Felipe Calderón, hace ya casi tres años, sin que esta se haya cumplido. Como para suplir esta deficiencia, el Congreso de la Unión ha hecho un exhorto al Presidente para “Detener el incremento de precios de los combustibles”, como gasolinas y diesel, además de la electricidad, como una medida extraordinaria para disminuir las presiones al alza de los alimentos, porque esto no forma parte de las veinticinco acciones contenidas en el Acuerdo Nacional para apoyar la economía popular y el empleo.


Esta promesa presidencial también ha sido bandera política de muchos líderes sociales lo mismo que de gobernantes; todos ellos, bajo el argumento de que estas reducciones traerán alivio a la economía popular y que contribuirán a frenar el deterioro causado por la crisis financiera internacional y el desempleo derivado de esta. Otros más, como el Gobernador de Veracruz, señalan que el combustible abaratado traerá inversiones, reducirá el impacto de la crisis y evitará incrementos de los servicios y de los productos relacionados con los hidrocarburos, además de que esta reducción estaría en la lógica de la baja de sus precios en todo el mundo.


Lo que nadie ha comentado, es que con la propuesta de congelamiento del famoso pacto, el gobierno federal ofende la inteligencia de los mexicanos cuando propone congelar precios de los combustibles, excepto del diesel que, dicho sea de paso, es el combustible que mueve a toda la flota pesquera de la nación, al sector agropecuario y al auto transporte público, por lo que se explica su impacto social, por lo que nadie encuentra la razón de tal excepción. Y se ofende la inteligencia general, porque así como se mueve la política de incrementos del gobierno federal, con la misma lógica debe establecerse la política contraria: la de reducciones. Para explicarnos mejor y aprovechar este reducido espacio, hay que recordar que, cuando se establecieron los actuales precios del diesel, gasolinas, electricidad, etc., el barril del crudo estaba a ciento veinte dólares por unidad en el mercado internacional, aproximadamente.


La lógica indica que, si tenemos que importar productos derivados del crudo, como la gasolina y otros combustibles, para establecer su precio al público aquí en México, hay que considerar el precio internacional del barril de crudo; es decir, si dejó de costar ciento veinte dólares cada barril y ahora nos cuesta cuarenta dólares -una tercera parte de su precio anterior- los derivados también deben correr la misma suerte que el crudo y bajar a su tercera parte. O sea que nos está jugando fenicio el gobierno federal con su congelamiento y con su negativa a bajar precios al público. Es como cuando una tienda cualquiera, que tiene un producto del cual obtiene una utilidad del trescientos por ciento y esta se reduce a la mitad, y nos sale con el cuento de que nos da su producto a la mitad, haciendo un gran sacrificio y afirma que está perdiendo dinero cuando solo reduce su utilidad; o cuando incrementa sus precios al doble y después nos hace descuentos a la mitad, hace ninguna gracia, pues. Esta es la razón por la cual la gasolina es más barata en un treinta y cinco por ciento en Los Estado Unidos, aunque no así el diesel, que aquí tiene un subsidio.


Hay que recordar también que nosotros vendemos crudo al exterior y que este nos regresa ya procesado; así que, aunque varíe el precio del primero, el costo de su procesamiento será siempre fijo y, si el precio que nos dan incluye crudo más procesamiento, aunque no varíe el segundo, al variar el primero a la baja, baja completamente el producto. O sea, que estamos comprando afuera combustibles a precios rebajados y se los estamos vendiendo a la población al mismo precio de antes y eso no se vale, en plena cresta de la crisis económica. Así que Calderón debe bajar los precios de combustibles cuanto antes y, aun haciéndolo, no es ninguna gracia esto, porque siervos inútiles somos, cuando lo que debemos hacer, hacemos. No reducirlos, si que es un crimen de lesa mexicanidad en estos tiempos de emergencia. Esa es la cuestión






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