PROHIBIDO ENTRAR AL DISTRITO FEDERAL
Por Ezequiel Castañeda Nevárez
Si usted piensa que la inseguridad pública, el tráfico, las grandes distancias, la contaminación, son las únicas causas por las cuales quienes vivimos fuera de la zona conurbada del Distrito Federal y del Estado de México, debemos limitar nuestra visita a la capital de la República y sus alrededores, está equivocado. Si no tiene alternativa y tiene que trasladarse en automóvil o en cualquier automotor, debe saber, o si ya lo sabe, recordarlo, que existe prohibición expresa en algún reglamento capitalino para que realice el viaje o, más bien, para que entre a la zona conurbada; a menos que transporte a personas discapacitadas, que se trate de transporte escolar acreditado, de alguna emergencia médica, cortejo fúnebre o que cuente su vehículo con holograma cero o doble cero. De no ser así, entrar a esta enorme zona de exclusión significa correr el riesgo, o mejor dicho tener la seguridad, de que le caerá la voladora al instante; porque para eso sí son eficientes los policías de allá, de aquí y de todos lados: para perjudicar al ciudadano, sobre todo si este se presenta indefenso, que su vehículo será detenido, para remitirlo cuanto antes a un depósito o corralón, de donde sólo saldrá cumpliendo algunos requisitos, entre los que se encuentran el correspondiente pago por la multa equivalente a treinta días de salario mínimo más el servicio de grúa y la estancia en el corralón y, por supuesto, que concluya el tiempo de restricción.
Esta -podemos suponer- se trata de una medida local que, al parecer, intenta cuidar el ecosistema o algo así pero, en mi opinión, es absolutamente ilegal, porque el artículo 11 de la Carta Magna, dice que todos los ciudadanos podemos entrar y salir de la República, viajar por el territorio y mudar nuestra residencia sin necesidad de salvoconducto alguno ni de otros requisitos semejantes y aclara este ordenamiento que las únicas excepciones tienen que ver con leyes de inmigración, inmigración y salubridad general de la República o sobre extranjeros perniciosos. Nada más y nada menos; jamás habla de contaminaciones ni cosas por el estilo. Expedir reglamentos contrarios a lo que se señala en la norma máxima, por parte de alguna autoridad administrativa federal o local es, porque así lo ordena nuestra Constitución General de la República, totalmente ilegal e indebido.
Parecería chunga o vacilada esto, de no ser por las molestias que ocasiona a miles de mexicanos como este escribidor, que tiene que cumplir una comisión en la capital, pensaríamos que se trata de una medida emergente del gobierno capitalino ante el desacato al consejo del sabio “Mil Usos”, quien en repetidas ocasiones advertía, dirigiéndose a los provincianos; “ya no vengan para aca”, aunque tampoco nos dijo que no fuéramos de paso.
La restricción señala que, todo automotor sin placas del DF o Edomex, debe abstenerse de entrar a la zona de intolerancia un día completo a la semana ni de cinco a once de la mañana, de lunes a viernes, sin considerar que algunos de nosotros no tenemos ningún interés en permanecer mas tiempo en el Distrito Federal que el que nos lleva cumplir alguna comisión transitoria, ni cuando nuestro destino es un lugar distinto, con paso obligado al Distrito Federal, lo que nos hace pensar a muchos de nosotros, a diferencia de los gobernantes perredistas, que parece que no piensan, que bien pudieron darle una revisada a la Constitución antes de crear sus reglamentos o, si la pretensión era de plano moverse al margen de ésta, construir, en lugar de segundos pisos costosos, libramientos que faciliten el paso a quienes no tenemos en nuestra bitácora circular en su zona.
Por si no fuera suficiente, tampoco podemos circular un sábado de cada mes, tengamos el número de placa que sea, lo que, en resumen, en palabras más que claras, los provincianos tenemos prohibido entrar a la capital de nuestro país. Así que tendré que esperar aquí en la frontera de la gran urbe a que sean las once con un minuto del día, para cumplir la comisión que me trae aquí tan temprano. Esa es la cuestión.